Querida familia parroquial. Este mes de marzo celebramos la festividad de San José, patrono de la Iglesia Universal y de las vocaciones sacerdotales. Su protagonismo no viene de elocuentes discursos, sino por su fidelidad al plan de Dios. Él es claro ejemplo de paternidad.

Avanzamos en nuestro camino de cuaresma, y que mejor forma de hacerlo, que de la mano de San José. “San José, acoger, proteger y alimentar” es nuestra propuesta de lectura para este mes de marzo. Su autor, Fabio Rosini es sacerdote, licenciado en Sagrada Escritura y director de la pastoral para las vocaciones en Roma.

Partiendo de la pregunta “¿qué necesidad hay de San José?” su autor va desgranando ese arte de San José, de saber estar un paso por detrás, permaneciendo siempre presente, confiado y disponible.

Cuando a San José se le encomienda recibir a María y a su hijo, concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, San José se estaba asomando a un acontecimiento del que no iba a tener control. Temía como nosotros, entrar en la grandeza de Dios, pero no se rinde, obedece su voluntad para la gran obra que se le había encomendado.

El desafío que se le presenta a San José, es el de entrar en una obra grandiosa de Dios.

Para ello ha de acoger a María y a su hijo, tomándolos consigo y dándoles valor. Acogiendo todo lo que les pasa como voluntad de Dios.

San José nos enseña que la persona crece a partir de la confianza paterna. San José va a custodiar el nombre de Jesús, mientras lo proclama silenciosamente. La vida nace del encuentro entre la masculinidad y feminidad y, por tanto, la relación con un padre lo marca todo. Para la supervivencia, es suficiente con que la madre nos traiga al mundo, pero para lograr nuestra identidad, necesitamos a un padre que nos reconozca. Alguien que nos diga quien somos, alguien que nos diga: “te he visto, te reconozco y he notado que existes”.

San José también nos enseña el arte de alimentar, es necesario que el padre establezca una disciplina, un ritmo ordinario en el camino de la fe; si no es así, nuestros hijos perderán la gracia igual que el agua entre las manos. Todos los jóvenes necesitan costumbres sencillas, como las que San José inculcó en Jesucristo, sin ellas, no hay recipiente para la gracia.

Y por último el arte de desaparecer, San José, nos enseña el mayor éxito de un padre.

La independencia del hijo y que se mantenga sin necesidad de él. Ver que un hijo se hace autónomo y original es una gran fuente de alegría.

Os invitamos a leer este maravilloso libro, que nos mostrará a San José como siervo maravilloso de la obra de Dios, imagen de padre sabio, de esposo acogedor, luchador y fuerte. Es un hombre que sabe enseñar los ritmos de Dios hasta su término, y que sabe permanecer en su lugar.

“He aquí que yo enviare un ángel delante de ti, para que te guarde en el camino y te conduzca al lugar que he preparado”. (Es 23,20)