Querida familia parroquial, feliz mes de febrero.

A punto de iniciar nuestro tiempo de cuaresma y con la reciente celebración del día San Valentín, os traemos un libro, que nada tiene que ver con el potente marketing alrededor de esta fecha tan celebrada.

Si preguntamos a todos los padres del mundo, independientemente de su religión o creencias, todos desearían que sus hijos encuentren un gran amor, un amor que los quiera y les haga felices.

La pregunta que nos hacemos, es ¿cómo podemos ayudar o contribuir como padres para que esto suceda?

Micalea Menárguez, autora de este libro, es doctora en Farmacia, directora del Master de Bioética de la UCAM y profesora de Fecundidad y Planificación Familia en la Universidad San Pablo CEU, y lo que es más importante esposa y madre de familia.

Para ella la educación afectiva sexual consiste en enseñar a la siguiente generación a vivir la vida sexual con un gran amor. Muchas veces un gran amor no es sólo un marido o esposa, hay hombres y mujeres solteros con un gran amor en su vida, y que se han entregado a él, dándose a los demás de otra forma, pero la entrega es la misma.

Es fundamental saber que dependiendo de la educación y valores que trasmitamos a nuestros hijos, esto ayudará a elegir un gran amor.

Pero no demos por hecho que yendo a un colegio religioso con buena formación y asistiendo a misa y catequesis es suficiente.

Educar la sexualidad es una gran laguna de los padres buenos que quieren hacer las cosas bien. En este momento de la historia, si dejamos a nuestros hijos a merced de lo que el mundo les cuente de la sexualidad y el amor, les dejamos solos en una batalla dura y violenta.

Las recomendaciones de la autora son varias:

  • La más apremiante es la formación de los padres, necesitamos leer y aprender para poder educar. Incluso ella nos da ideas y lecturas recomendadas.
  • Enseñar a purificar nuestra mirada y la de nuestros hijos.
  • Aprender como la biología del adolescente cursa con una gran adicción a las pantallas y como poder evitarlo o manejarlo.
  • Enseñar que amar es una decisión. Enamorarse NO. Elegir a la persona adecuada para que nos acompañé en la vida no es tarea fácil. Requiere un análisis racional sobre la persona de nuestro enamoramiento.
  • Reconocer las distintas fases de la infancia y adolescencia, y que podemos enseñar en cada una de ellas. Atender en la adolescencia a la necesidad de comunicarnos con amor, humor, creando lazos y siempre estableciendo límites.
  • Hablarles de la realidad minimizada de las ETS y de sus consecuencias.
  • Enseñar la biología de los ciclos biológicos de una mujer, así como las consecuencias de manipular exógenamente dichos ciclos con la anticoncepción.
  • Educar a hijos libres, hacerles reflexivos, tomar conciencia con ellos de lo que está bien y está mal, educar su fortaleza, motivarles a hacer cosas grandes por el bien de los demás y siempre enseñarles que elegir es renunciar.

La brújula es querer el bien de los demás por encima del nuestro. Entender que el hombre está hecho para amar de forma incondicional.

Por eso hay que vivir la vida con un gran amor, porque lo que todos queremos al final es una familia unida.

Vivir la vida con un gran amor es imprescindible para la felicidad. La buena noticia es que podemos hacerlo y ayudar a las generaciones venideras a lograrlo. Esas que son dueñas del futuro.

El broche de oro, como bien dice su autora, es ilusionarles con que es posible, y que sus decisiones no sólo les hacen bien a ellos, sino también a todos los que les rodean.

“Todos estamos llamados al amor. A un amor sin condiciones y sin límites. Las personas libres tienen la fuerza del amor. Y el amor cambia el mundo.”